GRITOS DE MUERTE o la oscuridad de mi ser – El retiro del bullicio

En el parque del Retiro,
he encontrado una paloma
que no podía volar
porque tenía el ala rota.


Cuando reposo en el Retiro,
cuando duermo en sus bancos,
el sol se pone en el Oeste
y el ruido de los coches
me arrulla en el silencio.


En el parque del Retiro
murió mi paloma mensajera.


Hoy he visto a ese vagabundo
del que todo el mundo habla.
Solitario y borracho caminaba
por entre los árboles
y flores del parque,
pensando quizás que sería
en su próxima vida,
cómo sería su próxima muerte,
quién sería su próximo yo.


Un niño y una pelota,
una pelota que es su vida,
una vida que sale disparada,
un disparo que llega
hasta el final de su vida.


El heladero con su carrito,
paseando va por el caminito
pues hoy no ha ganado ni un durito
y tiene que dar de comer a su hijito.


El lago tranquilo,
cruzado por las barcas
de los enamorados,
pensativo y solitario,
se lamenta de su suerte,
de su propia desdicha,
de su condición de lago
que no le deja amar.


El sol de mediodía
te ilumina con sus rayos,
Palacio de Cristal,
te envuelve con su manto
de haces luminosos
haciéndote resplandecer
como un diamante,
haciéndote maldades,
pudriéndote en la soledad,
muriendo por ver un
anuncio de signal.


Llueve, y la dulce melancolía
te envuelve, querido parque.
Te has quedado solo
pues todo el mundo ha salido corriendo,
han salido huyendo
del pozo infernal de la muerte.
Nadie quiere compartir contigo
ese momento de purificación,
de amor y resurrección.
Sólo las palomas se han quedado,
pero ellas no te importan
porque lo que tú buscas
no son cosas, fósiles que vuelen
y se vayan cuando alguien las espante.
Tú, lo que quieres, es un amigo
y ellos también se van,
huyendo cuando tienes algún problema,
sin darte mas explicaciones
que se van porque quieren amar.
Tú y yo solos en tus bancos
sin amor, sin vida y sin sueños.


Es de noche, y poca gente habita en ti.
Todos se han ido a sus casas.
Todos menos los drogadictos,
los pobres, los huérfanos,
los mendigos, ….
que esperan encontrar en ti,
un lugar donde descansar,
restaurar sus débiles cuerpos,
antes de partir hacia la vida eterna,
antes de morir en soledad.


Voy por entre tus sendas de flores
borracho, casi desnudo y hambriento.
Quiero morir, parque de mi infancia.
Quiero morir, parque de mi primer cigarrillo.
Quiero morir, parque de mi primera droga.
No quiero seguir aquí, ya no veo a Dios.
No quiero seguir viviendo, ya no puedo amar
y sólo quiero dejar la vida
y convertirme en un anuncio.


Ahí va ese perro
que no tiene amo
pero que va con cadenas,
paseando por entre tus pasillos,
pues busca comida
y lo que encuentra,
es una cosa llamada muerte,
que generalmente es un cartón
de leche vacío y podrido.
Pero nadie le da de comer
y por eso se muere
en el jardín del Edén.


Caídos en este parque
y muertos en este lugar
a esos dedico este cantar,
que con esto se alegren,
que con esto se contenten,
ilusionándose más cada día
que pasan hambre,
con su muerte que
pronto les llegará.


Ese barrendero va recogiendo
los desperdicios de unas vidas.
Entre ellas la mía.


Ese globero vende ilusiones a los niños.
Que pena, lloro.
Hasta los sueños, hoy en día,
hay que pagarlos.


Me voy lejos de ti,
ya que no quiero morar
en el parque
de la infelicidad.
Quiero morir en otro sitio,
donde nadie me moleste.


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